Amar y perdonar (historia de amor)

Aquella cita a ciegas era prometedora (historia veridica Amar y Perdonar), en 1950, unos amigos de Grace Miltenberger, de 20 años, pensaron que a ella podría gustarle Bob, un infante de marina amigo suyo, y se lo presentaron.

Tenían razón. “Me pareció el hombre más guapo del mundo”, cuenta Grace. “Me enamoré con sólo verlo”. El flechazo fue mutuo. Sin embargo, tras un feliz noviazgo que duró casi un año, Bob desapareció.

No hubo llamadas, visitas, ni explicaciones. Decepcionada, Grace se enroló en la infantería de marina. Cuatro años después se reencontró con Bob. Ninguno recuerda las circunstancias exactas, pero ella sí recuerda que aún lo amaba.

A los pocos meses lucía en el dedo un anillo de compromiso con un enorme brillante. Entonces la historia se repitió. En octubre de 1954 Grace recibió una llamada de Bob, quien le dijo que no podía casarse. No le dio ninguna razón; simplemente no podía.

“No saber la causa fue lo que más me dolió”, dice ella. Como antes, se sobrepuso. En 1958 se casó con otro hombre y tuvieron cinco hijas. La pareja no era feliz, y una de las cosas que angustiaban a Grace era el secreto que le ocultaba a su marido.

En un cajón escondía la sortija que le había dado Bob. Después de lo que él le hizo, otra mujer la habría vendido o arrojado a un río, pero Grace prefirió guardarla.

“Nunca dejé de amarlo”, dice, cuando su inestable matrimonio llegó a su fin, en 1969, se dedicó a educar a sus hijas y a estudiar sociología y enfermería. Muchos años después, un día de 2004, sonó su teléfono. “Oí una voz preguntar: ‘¿Grade?’”, refiere.

“Solté la bocina y pensé: ‘¡Ay, Dios, es Bob!’” Este había llamado con el pretexto de preguntarle si sabía dónde estaba la tumba del amigo que los presentó. Durante una conversación que duró tres horas y media, Bob le contó que había enviudado después de 48 años de matrimonio.
—Nunca supe qué pasó entre tú y yo —dijo en cierto momento.

—Yo sí sé qué pasó —respondió

Grace—. Me dejaste.
Pero no estaba molesta, sino emocionada de poder hablar con él, el  31 de diciembre de 2005 se comprometieron por teléfono. Seis meses después, Bob visitó a Grace en su casa, en las afueras de Tulsa, Oklahoma.

Era la primera vez que se veían en medio siglo. Ella abrió la puerta y entonces, dice, “nos abrazamos como si siempre hubiéramos estado juntos”.

El día en que Bob le propuso matrimonio comentó:

—Ahora supongo que debo comprarte un anillo.
—No —repuso ella—. Ya tengo uno.
—¿Quién te lo dio?
—Fuiste tú, tonto. Hace 50 años.

Esta vez Bob no se fue,  así que Amar y Perdonar si existe, saludos amigos y amigas de HAYQUELEERLO”!

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