La personalidad nos hace ser cariñosos o ariscos

La educación recibida y las experiencias anteriores condicionan a veces la exteriorizacion de los sentimientos afectuosos. La propia personalidad cierra el triángulo.

No cabe duda de que dar y recibir cariño es una necesidad de todo ser humano, y el factor afectivo influye con fuerza en el desarrollo de las personas.

Según un estudio realizado en Estados Unidos, se observó que los bebés faltos de cariño se desarrollaban físicamente más tarde y tenían mayor predisposición a contraer enfermedades. Sin embargo, dentro de una familia normalmente estructurada, en la que las posibilidades de encontrar afecto estén presentes, es cierto que no todas las personas exteriorizan sus sentimientos de la
misma forma.

Los expertos, según este parámetro, establecen dos grandes grupos: expresivos o abiertos y no comunicativos o cerrados.

Unos y otros presentan rasgos diferenciados y opuestos entre sí. Según la psicóloga María Antonia Varela, «las personas abiertas manifiestan una mayor receptividad  hacia su entorno, lo que crea una mayor interacción entre ellas y el medio lo cual afecta la personalidad para bien o mal.

Esto provoca un aumento de expresividad como consecuencia inmediata de su mayor intensidad en las vivencias*.
Los cerrados o poco comunicativos, por el contrario, tienden a la pasividad en sus expresiones y no sienten las vivencias de una forma tan intensa. Una y otra tendencia, llevadas al campo de los
afectos, se materializan en sujetos cariñosos o ariscos.

Uno forma de ser 

La personalidad es el punto de partida para adoptar una u otra tendencia. «Los individuos cariñosos suelen ser extrovertidos, sociables y, generalmente, muy positivos ante la vida. Por el contrario, las personas ariscas son introvertidas, poco comunicativas y tienden a encerrarse en sí mismas.

Una y otra faceta forman parte de la personalidad del sujeto, aunque a veces la educación recibida y las experiencias anteriores tienen una importancia crucial.

La familia cumple un papel determinante en este aspecto. Muchas veces se llega a ser poco demostrativo a partir de unas relaciones rígidas y estrictas con los padres en las que las demostraciones de cariño son prácticamente nulas.

Haber sufrido una experiencia negativa con anterioridad puede, también cambiar la actitud vital del individuo, un desengaño amoroso o una falta de respuesta de amigos o seres queridos ante ciertas expectativas del sujeto pueden inducir a éste a modificar su comportamiento.

Esto no siempre será conveniente para él. «Si una persona es arisca por sus vivencias anteriores, no por propia naturaleza, la represión de los afectos puede causarle grandes tensiones. En este caso, sería aconsejable olvidar los desengaños pasados y seguir adelante de acuerdo con la propia personalidad.»
Volver a comunicarse

El hombre es un ser social, por lo que le resulta difícil vivir aislado de los demás.
Aceptar esta realidad y afrontarla es el punto de partida para superar el rechazo a la comunicación, las muestras de afecto no son indispensables para aquellas personas que, por su propia personalidad, no necesitan exteriorizarlas.

Sin embargo, cuando esta actitud es la respuesta a ciertas vivencias negativas, sí se debe corregir esta tendencia. «La confianza en los demás es la base para lograrlo, y tener una excelente personalidad, saludos amigos de hay queleerlo.

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