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La Pareja y la Cartera, Administrar el dinero

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¿En qué momento una pareja tiene que hablar de dinero? ¿Qué pasa cuando uno de los dos aporta más billete al gasto y administrar el dinero?

¿Qué implicaciones emocionales, sicológicas y sociales tiene el uso del dinero dentro de la pareja?.

Se sabe que el manejo del dinero juega un papel central en la relación entre hombres y mujeres, junto con el sexo es una de las áreas más conflictivas en las parejas.

No es el valor monetario lo que está en juego cuando se habla de él, sino su valor simbólico, la actitud ante el dinero, la posición ante él y sobre todo, la inequidad que puede darse en la toma de decisiones cuando uno de los dos tiene el control del billete.

Si el dinero es uno de los ejes que han movido y mueven a la sociedad.

Entonces es inexplicable por qué al mismo tiempo se vuelve un tema tabú, un asunto de “mal gusto” hablar abiertamente de él, sobre todo en una relación de pareja, desde las que inician en el noviazgo, hasta ya las establecidas, es decir dentro de un matrimonio o en concubinato.

Una serie de estudios sobre la participación de la mujer en la fuerza de trabajo en toda América y la forma en que el sexo femenino maneja las finanzas o administrar el dinero, revelan que debido a que han estado condicionadas a someterse a las decisiones financieras de los hombres, las mujeres no tienen igual destreza para lidiar con asuntos de dinero.

Sin embargo, lograr esa independencia es una prioridad para la mayoría del llamado sexo débil, según indican resultados de una encuesta realizada por Gallup hace unos años. En ese sondeo, las mujeres entrevistadas a finales del año pasado (2017) afirmaron que lo relacionado con los asuntos financieros es la principal preocupación en sus vidas.

Y es que el dinero implica poder, el poder de dar o quitar, de controlar al otro, de sometimiento, por eso su uso puede acabar con una relación conyugal en un dos por tres, pero también puede crear vínculos muy fuertes que a veces ya no tienen nada que ver con el amor que en un momento dado fue lo que unió a la pareja.

“Que mi maridito sea el que maneje el dinero, eso no es para mi”

Uno de los comportamientos que más llaman la atención hoy en día es que mujeres profesionistas y educadas (afortunadamente, eso está cambiando) confiesan -hasta con orgullo- que no entienden un estado de cuenta, ni saben realizar operaciones bancarias, ni tienen idea de las diferentes cuentas que maneja el esposo, y que es algo que prefieren “dejarle al marido”.

Aquí ocurren dos cosas: son mujeres que confían plenamente en su pareja y no quieren transgredir la autoridad masculina o se instalan cómodamente en la ineficacia financiera y la negligencia de que sea el otro el que resuelva todo lo concerniente a la ruta del dinero.

De ahí, las desafortunadas sorpresas que surgen cuando llega un divorcio o la viudez, tanta prudencia femenina durante la vida conyugal puede traer como consecuencia una desprotección e inseguridad total.

Otro de los vicios o conductas poco favorecedoras para las mujeres es que se habilitan como unas perfectas “manipuladoras” para conseguir el dinero que sus maridos muchas veces les dan a cuenta gotas.

El sistema, afirma una experta, que infantiliza y humilla a las mujeres. “Así se establece una perpetua lucha en la cual las mujeres piden, exigen y reclaman, mientras que los hombres se muestran benévolos o no, según su humor y según si quieren recompensar o castigar a su esposa e hijos”.

De ahí que surja el famoso “guardadito” que las esposas picotean del gasto doméstico para solventar algunos pequeños gastos personales, pero muy lejos de poder tomar decisiones sobre compras de mayor trascendencia o inversiones.

Muchas mujeres hacen uso de tarjetas de crédito, pero no pueden tener acceso a liquidez. Es decir, los estados de cuenta se van directo al escritorio del cónyuge y de ahí no hay escapatoria posible, él todo lo sabe y todo lo controla.

 

El dinero y las relaciones de poder en las parejas de doble ingreso.

Se encontró que el uso que este tipo de parejas le daba al dinero era completamente desigual: ellas gastan menos y tienen menos dinero en el bolsillo, mientras ellos tienen más y consumen más.

Tres cuentas para dos.

Casi todos los especialistas en el tema sugieren que la mejor manera de llevar  la administración o manejo del dinero en una pareja es teniendo tres cuentas distintas: una individual para cada persona y otra en común para todos los gastos que implica la convivencia. La cuenta conjunta se alimenta de las otras dos y recibe de ellas un porcentaje mensual de los ingresos de cada cónyuge o una cantidad fija que acuerdan las partes.

En las familias donde ella es la que gana más dinero se utilizan estrategias ante propios y extraños para ocultarlo y así no se ponga en duda la masculinidad del marido

De esta manera, ambos asumen los gastos comunes, pero mantienen su independencia económica. Para definir la cantidad que le toca aportar a cada uno a la cuenta común, deben considerarse qué gastos fijos se compartirán como núcleo familiar y, puesto que los ingresos de las dos partes serán presumiblemente diferentes, cuánto habrá de depositar cada uno en la cuenta compartida, en función de lo que gana.

También se puede optar por asumir al 50 por ciento los gastos comunes: todo es válido mientras se trate de una decisión tomada por ambos, y así mejorar la forma de administrar el dinero.

Si una de las partes de la pareja no trabaja, conviene organizar de otra manera los gastos, tratando de que quien carece de ingresos no quede en situación de dependencia. Por ello, en un núcleo familiar con una sola fuente de ingresos la opción más habitual son las cuentas conjuntas. Y hay que recordar siempre algo, en estos tiempos en que uno de los dos puede ser el que gane más, el problema no es ése, sino la actitud que se toma ante esta situación. “¿Es tuyo, es mío, o es de ambos?”

Saludos si tienes alguna experiencia, que contarnos sobre administrar el dinero, no duden en hacérnoslos llegar y lo publicaremos para que todas formen parte de este articulo saludos Su amiga Karina Juarez.

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