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¿SUERTE o talento nato? (historia de una visitante asidua al portal)

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Ana estaba harta de que Victoria siempre llegara con la misma cantaleta, y es que estaba exagerando, pues ¿qué tenía de malo que Daniel fuera con sus amigos a jugar dados de vez en cuando?.

Y como Victoria no entendía, un día a Ana se le ocurrió decirle algo distinto, sin imaginar lo que estaba a punto de provocar: “Bueno, y ¿por qué no le dices- que te lleve? Como dicen: si no puedes con el enemigo, únetele”. Al principio Victoria pensó que era mala idea,  aunque esa noche, a punto de quedarse dormida, cambió de opinión y decidió que se lo diría al día siguiente a su esposo.

Para su sorpresa, Pedro lo tomó muy bien y le pidió ir en ese momento al. “¡¿Ahorita?!”, preguntó ella, sin poder creerlo. “¡Sí, ahorita!”, respondió él, jalándola animosamente del brazo con
rumbo al Yak Universidad.

Media hora después, Victoria estaba sentada frente a la mesa de juego, oyendo súper atenta al dealer, quien explicaba las reglas. “O sea que si pongo aquí mis fichas -dijo con la mano en
la casilla marcada con el número dos-, y los tres dados caen en dos ¿me paga mil 300 pesos por cada diez?”, preguntó con fascinación.

“Exactamente”, respondió el dealer, muy en su papel. “¿Ha oído hablar de ta suerte del novato?”, preguntó una voz que provenía de sus espaldas. Victoria giró para averiguar quién había dicho eso y saber a qué se refería con lo que acababa de mencionar.

Pedro soltó una risita, pero discretamente la escondió, pensando en todas las veces que había escuchado esa dudosa creencia.
Entonces Victoria se topó con un hombre de cabellera blanca que hablaba con seguridad. “No me pregunte la causa, pero casi siempre pasa: la primera vez que uno apuesta gana porque gana”.

La jaula de los dados comenzó a girar. Victoria dudó si poner sus fichas en el dos o en el uno… “¡Al cinco!”, le dijo Pedro, mientras jugaba ahí su propia apuesta.

Finalmente, ella se decidió por el cuatro. Sin poder evitarlo, volteó a ver de reojo al hombre de las canas, quien seguía su ejemplo y colocaba sus propias fichas en el mismo número que
Victoria.

Cuando la jaula se paró, apenas unos segundos después, no lo podían creer.

¡Cuatro, cuatro, cuatro!, gritaban todos. El pronóstico se había cumplido, y desde luego, se ganó su dinerito amigos y amigas de hay que leerlo que opinan de este comentario de nuestra amiga lectora asidua, dejen sus comentarios y si pasaron por algo parecido platiquenlo aquí en Hay que leerlo.

 

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